¿Cómo cambian los miedos infantiles con la edad?
Los miedos no son aleatorios: cada uno llega con una capacidad mental recién adquirida. El miedo a la oscuridad y a la separación aparece mientras se construye el apego; los monstruos llegan con la imaginación; la enfermedad y la muerte, cuando se entiende la permanencia; los miedos sociales, cuando el niño descubre que los demás tienen opiniones sobre él. Por eso un miedo nuevo suele ser señal de desarrollo. Lo que hay que vigilar es cuánto le quita del día.
Leer el artículo¿Cómo se enseña a un niño a regular sus emociones?
La regulación no se enseña explicando: primero se hace acompañado. Un niño pequeño no puede bajar su propia activación, así que toma prestada la calma del adulto; a eso se le llama corregulación. El orden es: el adulto se calma, nombra la emoción, calma el cuerpo y solo entonces habla de soluciones. Con la edad, el niño empieza a hacer algunos de esos pasos solo. La autorregulación nace de haber vivido muchas veces la corregulación, no la sustituye.
Leer el artículo¿Cuáles son las señales de ansiedad en un niño?
La ansiedad infantil rara vez se anuncia como preocupación. Aparece en el cuerpo y en la evitación: dolor de tripa antes del colegio, dificultad para dormirse, llanto en las despedidas, negarse a algo que antes hacía sin problema. Ciertos miedos son esperables a ciertas edades; lo que convierte la ansiedad en un problema no es el miedo sino cuánto estrecha la vida del niño. Cuando la evitación dura semanas, conviene una valoración.
Leer el artículo¿Las rabietas son normales y cuándo se pasan?
Las rabietas son parte esperable del desarrollo entre el año y los cuatro años: un niño que aún no puede nombrar lo que siente lo dice con el cuerpo. Alcanzan su punto máximo entre los dos y los tres años y disminuyen a medida que llega el lenguaje. Lo que importa es el patrón, no una rabieta suelta. Merecen consulta si siguen varias veces por semana después de los cuatro o cinco años, superan habitualmente los quince minutos, terminan con daño al niño o a otros, o afectan a la escuela, el sueño y la comida.
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Emociones y enfado
Rabietas, preocupación, miedo y timidez: lo esperable y lo que pide atención.